
Al acercarse al Ex Convento de San Jerónimo Tlacochahuaya la fachada de cantera se distingue por su sobriedad. Dos campanarios se yerguen a cada lado del frontispicio carente de ornamentos, donde los santos permanecen impávidos en sus nichos. Dentro del templo el esplendor barroco todo lo abarca.
“Este templo es un ejemplo único del barroco mexicano y en Latinoamérica. Es muy importante por su unidad. La pintura mural integra todo: retablos, esculturas, el órgano, las pinturas sobre tela. Igualmente, algunas de las partes posteriores de los retablos están decoradas. Es muy probable que esta integración se haya hecho durante el siglo XVIII, cuando se construyó el coro”, dijo a MILENIO la directora del proyecto de restauración auspiciado por la Fundación Alfredo Harp Helú (FAHH), Mireya Olvera.
El complejo eclesiástico fue advocado a San Jerónimo, monje estudioso y hermitaño a quienes los dominicos tomaron como ejemplo para fincar, en 1558, este sitio de recogimiento, retiro y ejercicios espirituales, de ahí la austeridad en la portada.
Lo que ahora puede apreciar el visitante es una construcción y pinturas de los siglos XVII y XVIII. En el presbiterio y en un acceso al claustro se muestran las etapas más antiguas de la pintura, y las fases arquitectónicas se advierten también en ventanas tapiadas y en restos de vigas que eran parte de techos o ventanas.
Si ahora el centro de la restauración es la pintura mural y sobre tela que alberga el ex convento, el trabajo de intervención en el inmueble es añejo.
“En los 70 hubo una intervención en lo arquitectónico. Se estabilizó el interior del templo y eso ha permitido que nosotros podamos trabajar. Estamos desde hace 20 años restaurando primero el retablo de la Virgen de Guadalupe. Después, con apoyo de la FAHH continuamos con los otros retablos. Se ha dado mantenimiento al órgano, al púlpito, se hicieron las ventanas, se restauró toda la barda atrial, se han impermeabilizado los techos y el proyecto principal, desde 1999, es la restauración de toda la pintura mural”.
Una parte laboriosa del proceso de restauración ha sido la intervención en las pinturas sobre tela: “Lo más difícil ha sido quitar los repintes que están en casi todas las obras. Hay pinturas recortadas a las cuales se añadieron fragmentos de telas nuevas. También he quitado varios repintes a obras que son excelentes. Hay una atribuida a Baltazar Echave Orio, que estaba repintada. Es un trabajo arduo quitar esos repintes porque hay que hacer muchos análisis y pruebas de solventes para cuidar la pintura original”.
La manera en que fueron hechos los cuadros ha permitido, a decir de la restauradora, encontrar en buen estado de conservación las obras.
Obras destacadas
El interior del templo de San Jerónimo Tlacochahuaya contrasta con la austeridad de su fachada. El retablo dorado con columnas salomónicas y capiteles corintios, el órgano, las flores rojas, las caras de ángeles y santos pintados en los muros y cúpulas saturan la visión del paseante.
Para Olvera es interesante apreciar a través de los distintos rasgos en la pintura mural, unos burdos y otros finos, las habilidades artísticas del equipo de pintores que colaboró en la ornamentación del templo.
“Es interesante ver manos de pintores con formación gremial, con un conocimiento muy bueno de la técnica, el color; y manos de aprendices. Hay caras o flores muy detalladas y bien logradas, y otras de menor calidad.”
Una de las obras destacadas es un lienzo de la Virgen de Guadalupe, de 1689, firmada por Joseph Navarro, de quien por los archivos de la catedral se sabe que era un mulato que se casó en Oaxaca.
Otra pieza relevante es una madona, una virgen con un niño, que está en el púlpito: “Esta obra también está repintada. El cabello de la virgen es lacio y café. A esa pieza le tomé radiografías y el cabello original es rubio y rizado”.
Actualmente presbiterio y bautisterio del ex convento están restaurados, lo mismo que las alas norte y sur, donde ya se puede apreciar la pintura mural.
“Llevamos 70 por ciento del templo en conservación y 40 por ciento en reintegración de color”, añade Mireya Olvera, que espera concluir el trabajo de restauración de la pintura mural en agosto de 2010





