¿Por que nadie hace nada en contra de los crímenes de Hugo Chávez?
Básicamente porque a nadie le ha incomodado tanto como para ello. Porque al mundo no le afecta el hecho de que en Venezuela no haya alimentos, ni luz o agua suficientes. Tampoco afectan los asesinatos y desapariciones de estudiantes que piensan distinto y se atreven a manifestarlo.
No pasa nada si el presidente venezolano decide nacionalizar diez o doce empresas transnacionales o las amenaza con sacarlas de su país “si no se alinean”.
No es tan importante que de la noche a la mañana el ejército de Chávez cierre estaciones de televisión o radio que atentan contra la impunidad de su gobierno. Nadie que no sea venezolano resulta afectado, y ni lo vemos ni nos duele.
Está demostrado que mientras Hugo Chávez no traspase su propio espacio de dominio y omnipotencia podrá hacer de Venezuela lo que le de la gana.
No es ignorancia. Ningún país que se vacía puede presumir de ser un buen lugar para vivir. Ningún gobierno puede ignorar el hecho de que de pronto en sus fronteras seres humanos una nacionalidad sean los predominantes y toquen a su puerta como desesperados.
El éxodo de venezolanos a otros países comenzó hace más de una década, justo cuando comenzaron las injusticias de su presidente.
Tampoco se pueden ignorar las constantes manifestaciones públicas que los venezolanos realizan fuera de su país para pedir justicia o los millones de correos electrónicos que salen de ese país como un grito desesperado que busca auxilio en el exterior, un grito que se diluye en la inmensidad de la red.
A los medios masivos sin duda les gusta que Chávez sea tan “ocurrente”, nos entretienen sus puntadas. Sus reflexiones tan absurdas y su obtusa manera de ver el mundo lo hacen parecer hasta inofensivo, si no atarantado. En el centro de la ciudad de México tenemos muchos de esos personajes que en algún momento de su vida perdieron la cordura, y van por la calle gritando y haciendo ademanes, no nos hacen daño, ensucian si el panorama, la vista; pero no nos hacen daño, y a veces hasta es divertido verlos.
– Mira mamá ahí va un loquito -
- Ay si verdad, pobre. No lo mires, no sea que se vaya a molestar -
Lo mismo nos pasa a nivel global, ningún problema de un país es tan importante como para involucrarnos. Nos gusta vivir al margen de lo que pase en nuestras fronteras. Por eso la pobreza de Haití nos duele hasta ahora, cuando escuchamos los llantos de los niños y ancianos heridos. Cuando vemos un país derrumbándose y matándose por hambre tras el sismo, su segunda tragedia, porque antes estuvo la pobreza y aunque estuvo siempre nunca nos llamó a reaccionar.
Chávez tiene un discurso rústico, tanto que a veces pareciera hablar con la verdad. Así logra captar la atención de quien lo entiende, generalmente los más ancianos, la gente del llano, los que están acostumbrados a hablar con franqueza usando las mismas palabras que Chávez usa. No es que sea parte de su estrategia política para ganar el aprecio de ese sector de venezolanos, lo hace así porque no tiene más palabras para expresar sus pobres ideas, su vocabulario es limitado, pero con eso le ha bastado para mentir, para engañar y levantar aplausos y risas forzadas por el miedo a la represalia de su milicia.
Luego, a Hugo Chávez le sirve ese gran sector de los venezolanos que tienen miedo, a los que se les obliga a asistir a sus inútiles discursos televisivos, además de un puñado de cineastas que han encontrado una mina de oro en Chávez cuando se trata de producir historias donde el tema central es el socialismo y sus líderes.
Cuando difundimos tanto la noticia de la guerra que Hugo Chávez tiene contra el Playstation y la muñeca Barbie, esos monstruosos juguetes del capitalismo que tanto enferman y dañan a la niñez de Venezuela, perdemos de vista la nota fundamental. Los venezolanos están sufriendo y su situación cada vez es más alarmante.
Y no es que el mundo no lo sepa, pero hoy prefiere ignorarlo.
En México hay un personaje al que se le atribuyen una buena parte de chistes y anécdotas simpáticas, se conoce como “Pepito”, el mismo personaje al que en Venezuela se le conoce como “Jaimito” .
Hay un chiste precisamente relacionado con el tema que hoy me ocupa.
El chiste dice así:
Estaba una vez Pepito platicando mientras la maestra daba su clase. Cuando la maestra tuvo una pregunta para sus alumnos “Pepito” fue el elegido para responderla:
- A ver pepito: ¿Qué significan las palabras ignorancia e indiferencia?-
A lo que “Pepito” respondió:
- No se, y me importa un coño!


