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viernes 10.sep 2010
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Políticos y TV

Desde que tengo memoria, la televisión ha sido un referente en mi proceso de aprendizaje. A través de ella experimenté mis primeras sensaciones de tristeza profunda y alegría desmesurada. Remy por ejemplo, aquella serie con la que crecimos millones que nacimos en la década de los setenta, me enseñó que la vida es dura, que nunca se puede ser tan feliz, y que al final del camino siempre habrá un resquicio de esperanza, aún bajo las situaciones más complejas de la vida. Después el camino normal y la experiencia se lo van enseñando a uno con mucha más determinación. Luego algunos pecados, mi gusto por “el chavo del ocho” y “el chapulín colorado”, la serie que sigue siendo un fenómeno de audiencia en gran parte de América Latina, y de cuya franquicia se siguen produciendo miles de artículos que el mercado consume.

Crecí siendo un adicto a la televisión, luego es una afición que no ha desaparecido pero que si se ha vuelto mucho más selectiva en varios aspectos. Por mucho, prefiero hoy el cine como medio de entretenimiento, aunque vivo de producir televisión y de generar o potenciar historias, sobre todo cuando no existe mucho que contar.

Desde que me dedico a vivir de este medio, la televisión me ha enseñado su gran poder de penetración en la mente del auditorio, lo que aparece en ella con relativa recurrencia se convierte rápidamente en un fenómeno masivo, lo que se dice en ella suele tener mucha mayor trascendencia que lo que se escribe o se escucha en la radio, aun así, no hemos alcanzado a diferenciar la realidad de la fantasía en sus contenidos, y casi siempre, damos por hecho que lo que se dice el ella, posee un alto grado de verdad.

No es un secreto que por ejemplo, el escándalo de “las ligas” de Bejarano, tuviera una mayor trascendencia haciéndose del modo en que se hizo, por la mañana, cuando los medios buscan noticia y en una transmisión nacional con Brozo como escaparate ¿Por que Brozo? Porque de no ser cierto, televisa habría de desmentir la noticia argumentando que se hizo como parte del estilo  poco serio del personaje, y si fuera cierto (como suponemos que fue) televisa en su conjunto se estaría anotando uno de los goles de mayor trascendencia de la década en términos periodísticos.

Gracias al poder de la televisión, Enrique Peña Nieto ha logrado posicionarse como el presidenciable por excelencia. Desde que el IFE les cerró las puertas para promover su imagen, el equipo de campaña del candidato (porque lo es), encontró la manera de seguir pagando un espacio diario en televisa con notas que pasan al final del bloque de nacionales, generalmente, la apertura de una nueva planta laboral, alguna actividad altruista, o simplemente un evento en el que Peña Nieto logra mantener presencia y vigencia en la mente de los votantes. La televisión es eso, un monstruo que genera otros. Al caso de Peña Nieto y su exposición en medios capoteando al IFE y sus reglamentos, súmele las apariciones en TV Notas y TV y Novelas, en la revista Caras, en la revista Quién, y en por lo menos dos o tres programas de chismes y espectáculos. Angélica Rivero “La paloma”, ha resultado ser una de las mejores inversiones publicitarias que el equipo de campaña de Peña Nieto pudo hacer, nada es casualidad.

Aun con decenas de casos donde de manera práctica se demuestra la efectividad y poder de penetración que tiene la televisión, existen los ingenuos que creen que se puede hacer política en este siglo sin tenerla como aliada, el político exitoso necesita de ella, y aunque también es una realidad que los fenómenos mediáticos como “Juanito” siguen siendo una muestra de que a veces, la televisión le llega al político sin tener que pagar por ella, la suerte está más bien de lado de quien está dispuesto a invertir en ella.

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