Ni modo, no era solo un catarro lo de Estados Unidos, y lo de México se anuncia como una pulmonía para la que nuestro gobierno ya destapó “mejoralitos”.
La realidad es que más nos valía entender que una situación mundial compleja afecta profundamente a un mercado tan vulnerable como el nuestro. No acabamos de comprender muy bien donde fue que comenzó la caída de las economías del mundo, lo que si sabemos es que nuestro entorno cambió en un lapso de tres meses o menos.
Hoy por la tarde un hombre de unos 45 años de edad se paró en la calle a un lado de mi coche mientras yo me estacionaba, después de intuir que no intentaba asaltarme bajé el vidrio para ver que necesitaba. El hombre ofreció cambiarme un boleto de metro por dos pesos, yo no llevaba una sola moneda conmigo, así que entré a la oficina y le pedí a Javier (mi compañero de trabajo) que me prestara los dos pesos. Mientras le daba la moneda, el hombre me comentó lo difícil que le resultaba conseguir un empleo en hojalatería y pintura, su oficio. El principal inconveniente era su edad (45 años). Llevaba bajo el brazo un sobre con cartas de recomendación de distintos lugares y personas para los que trabajó años atrás, caminó más de ocho horas por el sur de la Ciudad de México sin tener éxito. Su comentario fue un resumen de la situación real por la que pasan muchas empresas en nuestro país: – Casi nadie está contratando, y quienes tienen trabajo lo están aceptando hasta por la mitad de la paga de antes. El taller donde trabajé hace un año ya cerró porque según esto no ganaban ni para pagar la renta. -
La conversación fue tan breve como eso, me dio las gracias, le desee suerte y se retiró.
Luego mientras desarmaba algunos muebles para mudarme de oficina, encontré un diario de hace dos meses que Javier olvidó tirar a la basura, el encabezado anunciaba una caída más de las bolsas del mundo y la escalada del precio del dólar tras una serie de “especulaciones”.
Nuestra realidad (la de Javier y la mía) fue que nos dedicamos a trabajar desde el mes de octubre sin parar, aprovechando una muy buena racha de proyectos que impidió que se nos juntaran dos cuestas de enero, la del 2008 y la del 2009, y que al menos en ese lapso de tiempo nos olvidáramos de la palabra crisis. La noche de este jueves 7 de octubre, cuando el presidente difundió su mensaje ( que parecía escrito por Miguel Ángel Cornejo con la corrección de estilo de Mariano Osorio ) me sorprendí sonriendo en medio del caos. Sonreía en parte, porque es el mimo mensaje que escucho desde que tengo memoria: - Nuestro gobierno…bla…bla…bla. Los Mexicanos bla…bla…bla. - Luego también, porque me alegra saber que miles de compatriotas sabrán sortear con éxito los efectos de la crisis para no vivirlos en carne propia: diputados federales y locales, narcotraficantes, senadores, lavadores de dinero, gobernadores, alcaldes, secretarios de gobierno, funcionarios de primer nivel, presidentes de partidos políticos, y líderes de sindicatos. ¡Bien por todos ellos! Ah, y también uno que otro mexicano que mantenga su nivel de vida a partir de su talento y productividad, esos de los que hay mucho que aprender.
Hay que sonreír porque, en teoría: La gasolina no va a subir más (una medida acertada, sobre todo considerando que en gran parte del mundo sus precios han bajado dramáticamente, y solo aquí subía cada mes). El gas LP le va a costar un 10% menos. Es probable que pueda obtener un crédito para vivienda ( ¿No fue ese parte del origen del problema de la crisis? ¿La imposibilidad de pagar créditos por la insolvencia de millones de deudores? En fin…). La luz le va a costar menos a los negocios. Habrá mayor apoyo a las PYMES (mhm ¿Cómo las PYMES de los Bribiesca?). Y si perdió el empleo, es posible que el gobierno le ofrezca una chamba temporal, tapando baches en las carreteras federales (hay mucho trabajo que hacer) como guía de turistas en la alameda central, o cuidando la migración de la mariposa monarca en Michoacán, o sea, es muy probable que le paguen por algo que usted nunca se imaginó hacer. ¿Cómo no sonreír ante tal crisis? ¡Ah que buenas puntadas! ¿Y la cheyenne apá?


