Lo dijo Calderón: - Esta guerra va a costar mucho dinero y muchas vidas.
Y no es que el señor sea profeta, además del Presidente todos sabíamos que el narcotráfico puede desquiciar al país si así lo decide.
La historia es la misma de hace seis años, solo que a Vicente Fox se le acabaron las buenas intenciones muy temprano, precisamente cuando la violencia se recrudeció en la frontera norte de México y los casos amigos de Fox y hermanos Bribiesca le robaron un momento de su atención.
La guerra “abierta” contra el narco se ve difícil de ganar en seis años (o cinco y medio), sobre todo en un país donde política, narcotráfico y economía han caminado de la mano durante décadas, hoy parece que los socios se enojaron.
Lo que menos debería preocuparnos es que se maten entre ellos, lo que debe preocuparnos es que el narco lo ha tocado todo, y enlisto: la economía, la política, los organismos de seguridad en todos sus niveles, la agricultura y hasta el fútbol.
¿Cómo pueden nuestras instituciones acabar con el narcotráfico después de haber convivido con el durante tanto tiempo? Y es que si las relaciones humanas son muy complicadas, las relaciones comerciales lo son más. Sin duda México no merece comunidades inundadas de drogas, pero tampoco merecemos un país en el que lo de hoy es la violencia. No hay modo de protegerse, el Presidente se ha rodeado de un enorme equipo de seguridad y las cosas no son para menos, sin embargo, los que no tenemos para pagar escoltas y camionetas blindadas estamos en medio de esta guerra contra el narco y nos hemos convertido en lo que en idioma inglés se conoce como “casualties of war”.
Necesitamos una alternativa urgente para vivir lejos de esta guerra, los mexicanos de a pié nos sentimos verdaderamente inseguros. La guerra se ha recrudecido, unos pelean por quitarse territorio, otros por recuperarlo, luego parece que desde las mismas instituciones se da línea para matar a unos y dejar vivos a otros, precisamente así, como socios comerciales.
No logramos comprender del todo lo que sucede hoy en México, y si hay algo seguro es que todos queremos que termine. Poco escuchamos de detenciones efectivas que terminen de raíz con una organización criminal, y si detienen a unos, pronto asciende un sustituto, un nuevo capo corregido y aumentado.
Recientemente tuve la oportunidad de platicar con un ex integrante de lo que se conoció en Italia como “la cosa nostra”. Marco, de 84 años (nuestro entrevistado) y la producción de BBC World en un encuentro netamente periodístico que forma parte de una nueva serie de documentales dedicados a la mafia italiana y sus formas de operación. Lo interesante de la charla fue que cuando Marco se enteró que entre el grupo de periodistas se encontraba un mexicano (su servidor) se dirigió a mi y en tono de broma comentó: - ¡Mi amigo mexicano! Seguro que lo que te conté es parte de tu vida diaria. - No tanto, le dije. Y respondió:
- ¡La diferencia entre nosotros y sus capos es que nosotros no cortábamos cabezas!.
Después soltó una carcajada y se dio la media vuelta mientras que varios “tragábamos aceite”.
Tras la bella experiencia no he dejado de pensar en lo vulnerables que somos los millones que vivimos en el fuego cruzado. Nadie está seguro, las calles, los centros comerciales, los bares, restaurantes, y cualquier punto de reunión es susceptible de convertirse en zona de guerra. ¿Hasta donde va a aguantar el gobierno federal? ¿Hasta donde vamos a aguantar nosotros? Las corporaciones de seguridad han demostrado que no cuentan con armas tan sofisticadas como el crimen organizado, por eso saben que no tienen la menor oportunidad de combatir. Se escucha bien: “Guerra abierta contra el narcotráfico” ¿Cómo la piensan ganar? ¿Hay un plan? ¿Una estrategia? ¿Una propuesta real? ¿Hay algo o le van a seguir tirando a lo que se mueva?
Saludos cordiales.


